
A la una y media Irene baja al bar de Quique con hambre. El comedor huele a guiso y hay mesas libres por todas partes. Come sola, con la calle en silencio.
Media hora después el bar se llena de golpe y ya no cabe nadie. “¿Ves esto? Aquí a la una y media no come ni el gato”, le dice Quique al pasar con seis platos de golpe. “Tú has comido a la hora de nadie, hija”.
Al día siguiente Irene espera y baja a las dos y media. “Hoy vas a tener que hacer cola como todo el mundo”, le dice Quique desde la barra. Irene aguanta de pie hasta que se levanta una pareja y se sienta contenta.