
Su segunda cita fue en un restaurante pequeño con ventanas a la Plaza Mayor. Lorena tenía el móvil encima de la mesa, por si llamaba Rubén, y el tenedor en medio del plato. Raúl esperaba sin prisa, y fuera la lluvia sonaba contra los cristales.
“Aquí iba a ser nuestro concierto de 2012”, dijo Lorena despacio. “Llegué a la plaza, vi a mucha gente y me fui a casa. Tenía miedo. Nunca se lo conté a nadie.”
Raúl le cogió la mano con cuidado. “Gracias por contármelo”, susurró. Justo entonces el móvil empezó a moverse encima de la mesa. Era Rubén. “¡Lore, entra agua en el local por la tormenta! ¡Se mojan los altavoces!”