
Adrián trabaja de noche en una panadería de esquina, en Tucumán, Argentina. Silvana abrió hace dos años en la vereda de enfrente. Nazario, su ayudante desde hace cinco años, amasa al lado y no dice nada. Su cuñada vende el doble que él.
Desde la ventana se ven las bolsas de allá.
“Once”, cuenta Adrián en voz baja, con las manos en la masa.