
El bafle escupe un bajo tan pesado que a Manu le tiembla el pecho. En un patio de Getsemaní, Wilfrido monta su parranda de champeta y reparte guaro. Para la medianoche, medio barrio ya está prendido y bailando.
La corneta del picó ruge y el corrinche se oye a tres cuadras. El man está en su salsa, mamando gallo con cada uno que llega. La parranda está que revienta sin parar.
Manu rumbea con Deivis, empapada de sudor. “¡Esto está berraco!”, le grita a Wilfrido, que suelta una carcajada. Un aguacero caliente cae de golpe y nadie se mueve del patio.