
Como nadie en el barrio sabe dirigir la cumbia para la fiesta del sábado, Daniela y su amigo Andrés practican los pasos en el patio de la casa de ella, en Cartagena, Colombia. El teléfono, apoyado en una silla, repite el video de la cumbia una y otra vez.
Daniela: Mira el ritmo del tambor. Un paso por cada golpe, sin ninguna prisa. Andrés: AsÃ, ¿uno y dos, uno y dos? ¿Voy bien o voy mal? Daniela: Más suave, que pareces un soldado marchando para la guerra. Andrés: Bueno, bueno, estoy aprendiendo. No todos nacimos con ritmo en el cuerpo.
Daniela se rÃe y le mueve los hombros con las manos para soltarlo un poco.