
El bar estå tranquilo un domingo por la mañana, con dos mesas ocupadas. Irene desayuna en la barra y luego quiere marcharse. Busca a Quique con los ojos y no sabe cómo se pide aquà la cuenta.
âÂżMe cobras?â, dice al final, y saca el dinero. Quique no mira ningĂșn papel y no toca la mĂĄquina. âUn cafĂ©, una tostada, un zumo y el agua de antes, Âżverdad?â, contesta de memoria.
Irene mira de cerca y ve unas rayas blancas en la madera oscura de la barra. âAquĂ apunto lo de cada uno, y al final del dĂa lo borroâ, explica Quique. Escribe con una tiza pequeña y luego pasa el codo por encima.