
Dos semanas después, Mariana abre su puerta por fin. Los gatitos corren por toda la casa.
Mariana: Nicolás, gracias por todo. Todo está en orden. Nicolás: Bienvenida. Tus plantas viven. Casi todas. Mariana: ¿Casi? ¿Y mi gata? No está en ningún lado. Nicolás: Abajo. En mi sofá. Desde el jueves.
Mariana y Nicolás bajan sin hacer ruido. Hay un rascador nuevo. La gata duerme encima y no se mueve.