Es viernes al mediodía en Laureles. La calle está tibia y huele a maíz tostado. Sofía sale de una oficina gris con un papel doblado en la mano. Hace una hora tuvo una entrevista de trabajo en un local de ropa. Le dijeron que antes de las dos le van a escribir. Todavía falta media hora. En la esquina hay una arepería pequeña con una ventana abierta y tres mesas de plástico.
Sofía entra despacio. Deja el bolso en una silla y mira el celular. No hay mensajes.
"Buenas tardes," dice la cocinera desde la plancha. "¿Qué le sirvo?"