
La noticia la trajo Ariel en el recreo, al pasar. “El grupo de las mañanas pasa a la aplicación”, avisó Ariel. “A vos te queda el de la noche. Es un piloto, nada más. Cuando los números mejoren, lo hablamos.” “Vos sabés dónde encontrarme, che”, contestó ella, sin pelear.
Con el grupo de la noche, Griselda dictaba despacio y repartía una consigna por pupitre. Seis nombres, seis países, seis maneras de deletrear la jota.
Tomaba lista sin apuro. Cuando la charla se soltaba, el instituto ya había cerrado.