
Cada octubre baja alguien por el sendero con las manos llenas de tierra. Álvaro, el del huerto de arriba, arrastra un canasto hasta el bar y lo deja en el suelo. Irene mira las verduras que asoman por el borde y aguarda al lado.
“Si quieres verlo, sube conmigo, que hoy toca regar y el aljibe está hasta arriba”, dice Álvaro. “Abajo se vive del agosto; aquí arriba se vive de la cebolla y ya está”, añade. Suben por un atajo entre hierba alta que deja el mar abajo.
Arriba hay una parcela larga, con perejil, un limonero torcido y una calabaza. Álvaro le entrega una raíz seca y un grano diminuto en la palma abierta. “Toca la rama del limonero, que…