
Mauricio, el primo de Bruno, llega los domingos con la carne. Hoy trae dos kilos, y detrás de él sube Karla. En la cochera ya está el asador, con el carbón del costal viejo.
“A las dos comemos,” dice Mauricio. “Yo prendo el asador, tú pones los refrescos.”
El carbón no prende. Sale un poco de olor, nada más, y la carne sigue cruda encima de la parrilla. “Ese costal se mojó el jueves,” dice Karla desde la puerta. “Yo lo vi ahí afuera.”