
Es martes al mediodía en Coyoacán. El mercado huele a chiles tostados y a carne asada. Las mesas pequeñas están casi llenas. Lucía camina entre los puestos hasta una taquería con bancos rojos. Don Felipe, el taquero, voltea las carnitas con paciencia. Detrás de él, un trompo de pastor está montado pero todavía frío, sin fuego.
Lucía se sienta en el banco.
Lucía: Buenos días. Tres tacos al pastor, por favor.