
El reproductor viejo hizo un ruido raro y, por fin, empezó la primera canción. Lorena estaba sentada en el suelo de su piso junto al Tormes, con la vieja guitarra de la universidad.
En la grabación, su voz sonaba joven. “¿De verdad esa soy yo?”, preguntó Lorena en voz alta. Sintió un nudo en la garganta y subió el volumen. Rubén tocaba la batería demasiado rápido, como siempre.
Lorena intentó tocar con ellos. Una cuerda estaba rota y sus dedos ya no recordaban nada. Entonces el disco saltó, repitió tres veces una palabra y se paró.