
En el salĂłn del club, el sĂĄbado, Adriana pone la cumbia a todo volumen y Natalia por fin estĂĄ en la clase. Gustavo, un mecĂĄnico del barrio, llega el Ășltimo, con las manos negras y olor a taller. Viene del trabajo. âMe caso en dos meses y no sĂ© bailarâ, explica. âÂżY la novia baila?â, pregunta Adriana. âElla sĂâ, contesta Gustavo.
Adriana lo pone en pareja con Natalia. âUno, dos, tres. Cadera, no hombrosâ, cuenta. Gustavo mueve los hombros. Natalia mueve los pies y le pisa uno.
âÂĄAy!â, grita Gustavo, y se rĂe. âMejor tĂș que la novia.â Los alumnos se rĂen fuerte. âPerdĂłn, perdĂłnâ, dice Natalia, y esconde la cara: bailar mal delante de todos pesa mĂĄs que veinte cajas.
âOtra vez, desde el principioâ, dice Adriana, y baja el ritmo. Gustavo sigue el uno, dos, tres con la boca. âMañana traigo botas, de las durasâ, promete. Sus zapatos llevan tres marcas de Natalia.
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