
Es sábado y Tomás, el vecino que Camila conoció el día anterior, la lleva a caminar por el barrio de Palermo, en Buenos Aires, Argentina, para convencerla de quedarse en la ciudad. Le muestra la plaza, la panadería de la esquina y los árboles que dan sombra fresca.
Camila: Reconozco que es bonito. Pero un barrio lindo no me quita lo sola que me siento. Tomás: Dame una hora más. ¿De dónde sos, por cierto? Camila: De un pueblo del interior, Tandil. Seguro ni lo ubicás en el mapa. Tomás: Esperá... ¿Tandil? Yo crecí ahí, cerca del cerro.
Camila se queda quieta un segundo. Después se ríe, sorprendida.