
El Carnaval termina un domingo. Las calles de Barranquilla están en silencio. Hay flores y confeti en el suelo.
Camilo y su familia están cansados, pero contentos. La abuela prepara un cafĂ© y todos descansan en el patio. El aire todavĂa huele a flores y a fiesta. Camilo mira a su familia y se siente tranquilo, en paz. Hablan del desfile, de los disfraces y de los momentos favoritos. Nadie quiere que el dĂa termine.
Camilo mira las fotos del desfile en el teléfono. Se pregunta: ¿Por qué el Carnaval es tan especial? Su abuelo responde: «El Carnaval no son los disfraces. Es la gente, junta, feliz.»