
Después de tantos jueves juntos, a Sofía se le ocurrió una idea medio cursi: tomarse una foto de los cuatro para colgarla en el refri. Nadie se opuso. Lo que nadie imaginó es que algo tan simple se iba a volver semejante desmadre.
Tardaron más en acomodarse que en cenar. Mateo se aventó una pose de portada de disco que nadie le había pedido, convencido de que era el galán del grupo. Se puso hasta adelante, con una cara de mamón que dio risa.
Ahí estaba, parado como el mero mero, cuando en realidad se veía bastante chafa. “Te ves bien naco”, le dijo Pablo, sin piedad. Proponía tomarla así como estaban, sin tanta producción.