
El jueves la lluvia suena fuerte sobre Buenos Aires y Marta llega con una pizarra y un marcador grueso. La empuja contra la pared, delante de Pablo, y traza una lĂnea ancha por el medio. El marcador chirrĂa alto sobre el vidrio.
Marta empieza: “A la izquierda tu columna, a la derecha la de acá.” “¿Y si las dos palabras son iguales?”, pregunta Pablo. “Entonces no va en la pizarra, no la llenes de más”, contesta ella.
Pablo copia todo en una hoja con una birome prestada. Marta le dicta despacio, él no niega ninguna y la lista sigue creciendo. Es media clase, y Pablo cierra la libreta con dos palabras escritas.