
Dos dedos alzados en la pescaderĂa significan otra cosa, y Irene todavĂa no lo sabe. La mujer del mercado le envuelve cuatro calamares en una bandeja. Irene se mira la palma seca y no encuentra el error.
En el bar, Quique se rĂe, levanta el brazo y pone la palma hacia dentro. “AquĂ se empieza a contar por este dedo, guapa, no por el de al lado”, dice, y le marca el orden. “Y lo hondo de una cazuela no se dice con palabras: se abre asĂ y ya está”, añade.
Irene copia el signo y le sale torcido, con la muñeca girada. “Más recto, hombre, que ahora mismo estás diciendo otra cosa muy distinta”, dice Quique, y le agita el codo. Lo intenta de nuevo…