
En la cocina de Irene hay tres recipientes y un trapo ajenos. Uno aparece tapado en el suelo cada semana, tibio y sin letra. Rosa le sigue el juego cuando Irene le da las gracias por la sopa.
âYo no hago sopa en noviembre, que se me pone mala en dos dĂasâ, contesta Rosa. âY esa ensaladera no ha salido nunca de esta cocina, hija, que la mĂa es de arcilla viejaâ. Con la tetera en la mano, Irene llama a la puerta de arriba.
RocĂo abre con masa en las manos y ceniza en la camisa. DetrĂĄs hay una olla al fuego y hueso de ternera en la tabla. âNo hacĂa falta subirlo; de verdad que no hacĂa falta, mujerâ, dice sin mirarla.