
A la hora de la comida, la cantina se llenó: se jugaba el desquite. Joaquín colgó el sombrero en el clavo de siempre.
“¿Lista, patrona?”, saludó él. “Nací lista”, contestó ella. “Nomás que usted no había preguntado.” Iban parejos; ella notó la trampa: él tardaba y festejaba los aciertos ajenos antes de tiempo.
“¿Se cansó, o me cuida el negocio?”, preguntó ella. “Voy despacio, para que dure”, contestó él. Renata lo entendió: se estaba dejando ganar.