La fiesta sigue en silencio. Doña Rosa mira al hombre de la maleta y por fin habla, en el patio de su casa, en Cartagena, Colombia. Rosa: Es Rafael. Es mi hijo. Daniela: ¿Su hijo? Andrés, ¿tú sabías que doña Rosa tenía un hijo? Andrés: No, nunca lo nombró. Solo nos cuidaba a los niños del barrio. Rafael: Me fui muy joven a trabajar lejos, a otro país. Pasaron veinte años. Rosa: Cada cumpleaños te esperaba en esta puerta. Y mira, llegas hoy, en mis ochenta. Rafael deja la maleta en el suelo y abraza a su mamá despacio. Doña Rosa llora, pero sonríe. Rosa: Estás más flaco. ¿Comiste bien todos estos años? Rafael: Nunca como en tu cocina, mamá.…