
El último día en la Patagonia, Valentina y su papá llegan a un lago de agua azul, increíblemente clara. Alrededor hay montañas con nieve.
Todo está en silencio. No hay gente, no hay ciudad, solo la naturaleza. Valentina se sienta en una roca y mira el agua. El agua es como un espejo: refleja las montañas y el cielo. No hay sonido, solo paz. Valentina respira profundo y sonríe.
Se pregunta: ¿Por qué este lugar es tan especial? Su papá responde: «Porque es simple. Aquí, solo somos tú, yo y la montaña.»