El micro hacia la costa está casi lleno cuando Pilar y Diego logran subir. El viaje cuesta poco y dura un buen rato. Don Beto, el señor que maneja, los saluda por el espejo.
Diego: ¡Justo a tiempo! PensĂ© que el micro ya se iba. Pilar: Tranquilo, siempre entra uno más. Sube, hay dos asientos atrás. Diego: QuĂ© bueno. Vamos atrás, al lado de la ventanilla. Pilar: Me gusta ese asiento. Se ve toda la calle desde ahĂ.
El micro avanza despacio por la avenida. Afuera, las casas del barrio brillan con colores fuertes.