
Es temprano y a la casa de Irene sube el olor del pan de abajo. RocĂo, la vecina del piso de arriba, llama a la puerta con un paquete grande en las manos. Lo deja encima de la mesa y se queda de pie.
“Esto llega en marzo”, dice RocĂo, “y lleva cuatro meses al lado de mi sofá”. Irene mira el paquete y no recuerda nada. “¿Y por quĂ© no me has escrito?”, pregunta.
“En el pueblo eso no hace falta, mujer”, contesta RocĂo. El paquete pesa y no dice de quiĂ©n es. Irene lo toca con cuidado y busca un nombre por los lados.