
El viernes Valentina llega tarde con el pretexto que había armado. Damián está al lado del galpón, con el cuadernillo abierto, y no levanta la vista. Ella respira dos veces antes de hablar.
“No arrancaba el motor y esperé al mecánico”, se excusa.
Damián mira la camioneta, con las llaves puestas. “Ah”, dice.