
Hoy amanece soleado, con olor a barro. Karina, la oficial, no está de turno. Percy empieza temprano y llega lejos.
La oficina que dio el papel cierra a mediodía. “¿Y quién firma entonces?”, pregunta. Nadie anota nada. “Se lo arreglo hoy”, le ofrecen en la costa, y no es barato.
“¿Cuánto me cobra? ¿Hoy mismo?”, pregunta Percy, y le falta poco. Entonces se vuelve. Karina está ahí, sin uniforme, y espera su balsa con un balde a los pies.