
El sábado Irene se levanta pronto y abajo ya andan Rocío y una señora de la comisión. Hace lo único que le sale sin receta: corta pan duro, tomate y ajo y lo bate hasta que espesa. A las ocho baja con una bandeja de salmorejo.
La mesa larga ya está llena de fuentes, tortillas y patatas. Irene la deja en un hueco del final, casi en la esquina. “A ver qué ha traído la de Madrid”, dice Rocío, y se acercan dos vecinas a levantar el papel de plata.
“Anda, si has traído salmorejo, y del bueno”, dice Rocío. “¿Esto lleva vinagre o no?”, le pregunta una señora con su vaso. “Lleva poco, y el pan tiene que estar duro”, contesta Irene, y la señora asiente.