
Dos papeles con el mismo techo, y el doble de diferencia. Celia, la traductora del cuarto, los lleva doblados. Toño, el albañil que lleva la obra, llega tarde y descarga una escalera del coche.
“El de la otra empresa es barato porque no toca el tejado entero, solo la mitad”, dice Toño. “Y el mío es caro porque sí lo toca entero, así de simple”, añade con la calculadora.
Celia mira los dos totales y duda, como si faltara una línea: no le salen las cuentas. Le sube el calor a las orejas: sigue sin entender nada.