
Renata reparte paquetes en moto y conoce la colonia de memoria. Hoy espera con el casco puesto y una caja en el hombro. Toca el timbre seis veces, sin prisa.
Arriba, en la azotea, Karla tiende el uniforme y no oye nada. Abajo, Bruno toma café.
Bruno oye un pitido corto, ahĂ dentro. Lo oye desde hace un año, cada dos o tres dĂas, en el mismo rato. “Es la bocina de la calle,” dice cuando alguien pregunta.