
Claudia volvió con Marcos y una propuesta, y le explicó a Martina que querían recuperar la biblioteca. Martina escuchó, brazos cruzados. “Los vendo si vuelven a estar a la vista”, avisó.
“En el local nuevo hay una pared entera esperándolos”, prometió Marcos, y enseñó fotos. Martina las repasó con cara de examen. “Una pared no es una promesa, pero se le parece”, concedió.
El trato se cerró a la antigua, con apretón; los libros salieron por tandas, envueltos en periódico. “¿Cuántos eran?”, preguntó Claudia. “Los conté uno a uno”, contestó Martina, sin dar la cifra.