
El último día el mercado está en sombra y Gabriela hace la cuenta del mes. Falta dinero: cuatrocientos pesos. Empuja el papel hacia Salvador, que llegó por su cuenta: nadie lo llamó.
Salvador lee la hoja, saca doscientos del bolsillo y los pone encima. “No es regalo. Es mi turno, este mes me tocaba a mí.”
“¿Cuál turno?” “Cuando a alguien no le cierra la cuenta, el de al lado pone doscientos. Así funciona, y usted acaba de entrar.”