
Cuando levantan el anda en la capilla, huele a cera y a humo, y el lado de Nicanor va cargado. Delia está debajo, con el hombro en la madera y la pollera llena de cera.
El jueves pasado ella dijo que se ponía. El mayordomo la anotó y le dio un velón.
“Usted no tenía que hacer eso”, dice Nicanor.