
Liliana, una fotógrafa de Medellín, en Colombia, llega tarde a la celebración. Huele a fritura. Fabián, el amigo que la invitó, la lleva al centro de la rueda. “Esta es la que le tomó fotos al presidente”, la presenta, alegre. Todos aplauden.
Cantan. Liliana duda un segundo y no lo aclara. “Dígales cómo fue”, la anima Fabián. Sigue el juego y brinda con una gaseosa.
Negar el cuento sería peor. “Y le firmó la foto”, insiste Fabián, amable, y ella miente un poco más. Bailan, y alguien pide la historia otra vez.