
Esa olla negra lleva cuarenta años en el mismo fuego. Rosa, la panadera, se lleva a Irene a comer un jueves, sin preguntarle si entiende. En la cocina hay una cazuela tapada, un colador en el fregadero y humo tibio.
“Pela esas patatas, córtalas en rodajas y échalas al caldo antes de que hierva”, dice Rosa. “Y revuelve con la cuchara vieja, que la nueva le cambia el gusto a todo”. Irene pela con calma, corta y revuelve sin que nadie la espere.
El aroma sube y se le pega a la ropa mientras pica el perejil. “Prueba eso y dime si le falta sal o si le sobra pimienta, guapa”, pide Rosa. Irene moja la cuchara, aguarda un ratito y contesta que le…