
Es sábado por la mañana en el apartamento de Bogotá, Colombia. Marina y su hermano Julián corren detrás del perrito que él rescató de la lluvia y que ahora esconden de los vecinos; acaba de dejar un zapato mordido en la mitad de la sala.
Marina: ¡Mira lo que hizo! Se comió uno de mis zapatos nuevos. Julián: Perdón, perdón. Es que tiene mucha energía y no para de jugar. Marina: Energía le sobra. Lo que le falta es aprender a quedarse quieto.
El perrito ladra fuerte tres veces y los dos hermanos se quedan congelados del susto.