
El jueves Ernesto firma corto: un camión y no los seis que trajo. Se afloja la corbata en el ascensor y respira. Araceli lo espera en la puerta.
“Nadie de arriba tiene que enterarse de lo del centro”, le pide ella. “Usted lo dejó aquí, y aquí se queda, que yo lo veo todo.” “No lo cuento”, dice Ernesto, y le suena el teléfono.
En el aeropuerto intenta imaginar cómo lo dice arriba y se confunde solo. Ernesto no contesta. “Salgo con menos de lo que traía”, se dice.