
Olía a chile tostado. Fabiola raspaba el cazo con el delantal lleno de ceniza cuando le ofreció el turno de madrugada.
“De cuatro a nueve, picando cebolla y sirviendo”, propuso. “Son cuatrocientos diarios y aquí se come.”
Mónica sacó cuentas en la banca. Cuatrocientos diarios eran dos días de mandados en una mañana.
“El taller de costura es por la tarde, así que ahí no choca”, dijo. “Lo que no me cabe son los encargos del edificio.”
“Pues algo tiene que salir”, contestó Fabiola. “Nadie trabaja tres veces al mismo tiempo.”
Ya en su cuarto abrió el cuaderno de encargos. Tenía once encargos sin escribir, todos chicos, de gente que tocaba porque sabía que abría.
Lo cerró y lo guardó hasta el fondo de un cajón. No era por el dinero del cuarto, aunque también. Era que sin ese cuaderno ya nadie iba a subir a buscarla, y eso dolía más de lo que esperaba.
Read on the go
Digital Polyglot is also an app for iPhone and Android, with the same library and your progress synced.
Get the app