
Cuando el amplificador viejo se quemó en medio del ensayo, Lorena se acordó de un anuncio. Estaba en el escaparate de una óptica de la calle Toro, debajo de unas gafas.
Detrás del mostrador estaba Raquel, una óptica de pelo castaño con canas. Rubén traía el amplificador quemado en la mano, y todavía olía a humo.
“Se quemó en medio de una canción”, explicó Rubén, un poco nervioso. “Y para las Ferias necesitamos uno.” Raquel abrió la puerta de atrás. “Este es de mi hermano. Ya no toca, pero todavía funciona.”