
Es lunes y el mercado de Coyoacán huele a cebolla recién cortada. Ana, una visitante que ya conoce el puesto, cruza la puerta abierta y camina hasta la verdura de la señora de siempre. En la fila de adelante hay cola, y nadie parece apurado.
“¿A cómo el jitomate hoy?”, pregunta Ana. “Según el tamaño; los chicos están en oferta y los grandes no”, contesta la señora, que la reconoce y le sonríe con la mano llena de limones.
Ana busca una cifra escrita y no encuentra ninguna en toda la fila. Pide medio de jitomate y unos limones. La señora lo envuelve todo en una bolsita.