"¿Grande o chico?" pregunta la chica del mostrador.
Mateo tarda en responder. Tiene una mano en el bolsillo de la camisa, sobre un sobre blanco doblado en dos. Dentro está la carta que escribió antes de salir de casa. Piensa dejarla esa tarde en el restaurante donde trabaja, a tres cuadras de la juguería.
"Chico," dice al fin. "Con leche."