
Un sábado, Olga, una gruista del ayuntamiento, daba vueltas con su grúa. Lorena y Rubén tenían un problema: el bombo no cabía en el coche pequeño de Rubén. Los vecinos se quejaban del ruido y Rubén encontró un local de ensayo al otro lado del río.
“Mi jefa no me deja usar el coche de la autoescuela fuera de clase”, avisó Lorena. Rubén levantó la vista del móvil, sorprendido. “Es sábado y tu jefa no está. Diez minutos, Lore.”
Cargaron el bombo, y el platillo hizo una raya blanca en la puerta. A Lorena se le puso roja la cara. Condujo hasta el local y aparcó cerca, en la zona de carga y descarga.