
Sergio era un tatuador del Barrio del Oeste, con los brazos llenos de dibujos. Aquella tarde tenía dos clientes raros en su estudio: Lorena y Rubén, sentados en un sofá pequeño. El estudio olía a tinta.
Rubén estaba explicando el problema. “El ayuntamiento nos mandó un correo. Buscan una foto de cada grupo y un dibujo para el programa de las Ferias.”
“Y esta mañana me he probado mi chaqueta roja de 2012”, dijo Lorena, triste. “Ya no me cierra. Tiré de la cremallera y se rompió.” Sergio la escuchó con atención.