
El viernes Araceli lleva a Ernesto a una comida larga que no es de trabajo. “Coma y no hable de horarios hasta el final”, le pide ella. En la mesa hay ensalada y chuleta, y huele a carne asada.
La jefa está en la otra punta, callada, y no corta su chuleta. Nadie tiene prisa. Ernesto suelta un chiste malo y nadie se ríe.
Llega la tarta. “El postre. Ahora”, le dice Araceli bajito. “¿Y si sacamos un solo camión a las seis?”, dice Ernesto. “Uno chico, el del queso, y nada más.”