
Celia marca el número de Emilio y el teléfono suena con un murmullo de fondo. Él contesta desde la calle, donde hace viento, y se oye la mitad.
“El día veinte, si el del techo no nos falla otra vez como en marzo”, grita Emilio. “¿El veinte o el veintiuno?”, pregunta ella. La línea se corta antes de la respuesta.
Marca de nuevo, y el minuto que tarda en dar señal se le hace largo. No lo deja, porque esa fecha decide si trabaja en casa, y apoya la frente en la pared fría.