
Quedaba por elegir el día de la mudanza; Claudia trajo tres fechas en bolígrafo. Marcos las miró como a fruta verde. “¿En bolígrafo? Qué valiente vienes hoy”, saludó.
“Aquí una fecha se escribe a lápiz hasta oír el parte”, explicó, y encendió la radio. El hombre del tiempo avisó de que el levante era un vecino difícil. Claudia escuchó a medias, esperando que el parte acabara.
Y de pronto entendió su primera semana, porque aquí las fechas se negocian con el viento. Su calendario se quedó mudo, como un turista más.