
El domingo, Lucía tiene una idea. Toma el teléfono de su mamá y busca el número de Jorge. «Mamá, ¿podemos llamar ahora?»
La mamá tiene miedo, pero dice que sí. El teléfono suena... una vez, dos veces. De repente, una voz: «¿Aló?» Es Jorge, desde Argentina.
Lucía está nerviosa. «Hola, tío. Soy Lucía.» Hay un silencio. Después, Jorge ríe, feliz: «¡Lucía! ¡Qué sorpresa!» Hablan por una hora. Jorge toca la guitarra por teléfono. La música es hermosa. Jorge pregunta por la familia, por la casa, por Cartagena. Quiere saber todo. Lucía habla y habla, feliz. La distancia, de repente, parece muy pequeña.