
A las ocho la panadería está caliente y Rosa, la panadera, ya tiene el pan fuera. Irene entra a por una barra y no le da tiempo ni a saludar. “¿Y tu madre qué, sigue con lo de la rodilla?”, pregunta Rosa desde el mostrador.
Irene se queda parada porque jamás cuenta nada de su madre allí dentro. “Bien, bien, ya está mucho mejor, gracias”, contesta, y nota que la respuesta se le cae al suelo. Rosa espera, por si viene algo detrás.
“¿Y tu hermana, la que vino en agosto con el niño? ¿Sigue en Madrid o ya se ha mudado?”, insiste sin ninguna mala idea. Irene dice que bien y paga el pan mirando la puerta. Detrás de ella una señora asiente como quien…