
Con el abrigo en el brazo, Elena cruza el andén en la oscuridad. Sube al bus cama por el pasillo estrecho. Un farol viejo alumbra medio andén y nada más.
El bus arranca y Elena apoya la cabeza en la ventanilla. Entra una llamada de Julio, que pregunta: “¿Pediste la manta a tiempo, antes de que apagaran la luz de arriba?”
“Sí, y también el cinturón, que estaba debajo del asiento y no al costado”, contesta Elena. “Entonces ya está; duerme antes de la primera curva”, dice él. Ella saca lentamente el termo del bolso.