
Al tercer día Amparo decide corregirse trabajando. Friega los platos, barre el cuarto y tiende el lavado. Yolanda la deja hacer y no comenta.
Después, delante de ella, repite lo mismo y acomoda el cobertor de otra forma. “¿Le molesta si le tomo las medidas de las ventanas?”, pregunta Amparo, y apoya la cinta en la mesa. “Haga lo que quiera”, dice Yolanda, y pone a hervir el agua.
“Yo solo quiero ayudar”, insiste ella, amable. “En mi casa esto se hace de otra manera.” Amparo se moja las manos, escucha y aguanta.